sábado, 28 de noviembre de 2009

SPIRIT BOUND, PRIMER CAPITULO!!


Bueno chicas, como siempre, lo prometido es deuda... ya todas saben lo importante que es esta saga para mi y para mi sis Rania, asi que les traemos por fin! la traducción del primer capitulo de SPIRIT BOUND, el quinto libro de VAMPIRE ACADEMY, que sale a la venta el 18 de Mayo del 2010.

La primera parte está en el blog de las NENAS BELIKOV y aqui les dejo la continuación...
Además, como les adelantó mi sis, pronto les tengo otra sorpresa relacionada con este libro, estén pendientes y a comentar!!


SPIRIT BOUND
Capitulo 1, Parte 2 (lee la parte 1 aqui)
Traducido por Caty

“Gracias” dije. Sentí la alegría extenderse a través de ella, y continuamos caminando.

Levante mi mano delante de mí, admirando la forma en que las piedras verdes brillaban. Las joyas no eran una gran idea en la clase de desafíos físicos que yo estaría enfrentando, pero iba a tener guantes cubriéndolo.

“Difícil creer que después de esto, habremos terminado y estaremos libres en el mundo real” Yo dije en voz alta, sin considerar realmente mis palabras.

A mi lado, Lissa se congeló, y yo inmediatamente me arrepentí de haber hablado. “Estar libres en el mundo real” significaba que Lissa y yo íbamos a llevar a cabo una tarea con la que ella -infelizmente- había prometido ayudarme hace un par de meses.

Mientras estuve en Siberia, yo me enteré de que podría existir una forma de convertir de nuevo a Dimitri en un dhampir como yo. Era bastante improbable-posiblemente una mentira- y con la obsesión que él tiene con mi muerte, no me hacia ilusiones en cuanto a tener alguna opción excepto matarlo si llegaba al punto de ser él o yo. Pero si había alguna forma en la que yo pudiera salvarlo antes de que eso pasara, tenía que encontrarla.

Desafortunadamente, la única oportunidad de convertir este milagro en una realidad era a través de un criminal. Y no se trataba de cualquier criminal: Víctor Dashkov, un Moroi de la realeza que había torturado a Lissa y que había cometido todo tipo de atrocidades que habían convertido nuestras vidas en un infierno. La justicia había entrado en acción, y Víctor estaba encerrado en prisión, lo que complicaba las cosas. Ahora sabíamos que mientras él estuviera destinado a una vida tras las rejas, no veía ninguna razón para compartir lo que sabía a cerca de su hermano - ilógicamente, la única posibilidad para que Víctor pudiera entregarnos esa información era que nosotros le diéramos la única cosa que nadie más podía: su libertad.

Esta no era una idea a prueba de tontos, por más de una razón. Primero, yo no sabía si esto funcionaría. Esa era una razón bastante grande. Segundo, no tenía idea de cómo propiciar un escape de prisión, eso sin contar con que no sabía dónde estaba su prisión. Y finalmente, estaba el hecho de que estaríamos liberando a nuestro enemigo mortal.

Eso era lo suficientemente devastador para mí, eso sin contar lo que le haría a Lissa. Aún así, sabiendo lo mucho que la idea la afectaba - Y créanme, lo hacía- ella había jurado solemnemente ayudarme. Por supuesto, considerando que no teníamos idea de cómo encontrar la prisión, su promesa podría no ser importante al final. Yo iba a tratar de arreglar el incomodo silencio entre nosotras, explicandole que realmente me refería a que seriamos libres para celebrar su cumpleaños en grande la próxima semana. Mis intenciones fueron interrumpidas por Stan, uno de mis instructores. “Hathaway!” Ladró, acercándose desde el campo. “Gracias por unirse a nosotros. ¡Venga aquí ahora!” .

Los pensamientos sobre Víctor se desvanecieron de la mente de Lissa. Ella me dio un rápido abrazo. “Buena suerte” susurró ella. “No es que la necesites”.

La expresión de Stan me decía que nuestra despedida de diez segundos, fue diez segundos demasiado larga. Yo le agradecí a Lissa con una sonrisa, y entonces ella se marchó a encontrarse con nuestros amigos en las graderías, mientras yo me apuraba detrás de Stan. “Tienes suerte de no haber estado entre los primeros” gruñó él. “La gente está empezando a apostar si tu ibas a presentarte o no”.

“¿De verdad?” le pregunte alegremente. “¿Como están las probabilidades? Por qué aún estoy a tiempo de cambiar de opinión”.

Sus ojos entrecerrados me dieron una advertencia que no necesitaba palabras mientras entrabamos al área de espera adjunta al campo, debajo de las graderías. Yo siempre había estado asombrada en los años pasados, por todo el trabajo que requerían estas pruebas, y no estaba menos impresionada ahora que las veía de cerca. Las barracas en la que los novatos esperábamos fueron construidas de madera, con un techo que la completaba. La estructura se veía tan fuerte como si hubiera sido parte del estadio desde siempre. Había sido construida con una rapidez remarcable y sería desmontada de la misma forma, una vez que las pruebas terminaran. Una puerta de tres personas de ancho daba una visión parcial de lo que pasaba al campo, donde mis compañeros de clase esperaban ansiosamente. Todo tipo de obstáculos esperaban allí, retos pensados para probar el equilibrio y la coordinación de los estudiantes mientras esquivaban los guardianes adultos que estarían escondidos alrededor de objetos y las esquinas. Pasillos de madera habían sido construidos al final del campo, creando un oscuro y confuso laberinto. Redes e inestables plataformas estaban repartidas alrededor de otras áreas, diseñadas para ver que tan aptos éramos para luchar bajo condiciones difíciles.

Algunos de los otros novatos, estaban amontonados en la puerta, esperando obtener alguna ventaja al ver a los que iban primero que ellos. Yo no. Yo saldría sin saber que iba a pasar, dispuesta a enfrentarme cualquier cosa que ellos prepararan para mí. Estudiar el campo ahora simplemente me haría pensar demasiado y asustarme. Calmarme era lo que necesitaba ahora. Así que me recosté contra una de las paredes de la barraca y observé la gente a mí alrededor. Parece que yo realmente fui la última en presentarme, y me preguntaba si alguien había perdido dinero al apostar en mi contra. Algunos de mis compañeros de clase estaban reunidos en pequeños grupos. Algunos estaban haciendo estiramiento y otros ejercicios de calentamiento. Otros estaban con instructores que habían sido mentores. Esos profesores hablaban intensamente con sus estudiantes, dándoles consejos de último minuto. Yo escuchaba constantemente palabras como concéntrate y cálmate. Verlos hizo que mi corazón se encogiera. No hace muncho tiempo, así era como me imaginaba este día. Me imaginaba a Dimitri a mi lado, mientras él me decía que me tomara esto en serio y que no perdiera mi calma cuando saliera al campo. Alberta había hecho una buena labor como mentora desde que regresé de Rusia, pero como capitana, ella estaba afuera en el campo, ocupada con todas sus responsabilidades. Ella no tenía tiempo para venir y sostener mi mano. Mis amigos que hubieran podido venir a ofrecerme su apoyo- Eddie, Meredith, y otros- Estaban envueltos en sus propios miedos. Yo estaba sola.

Sin ella o Dimitri - o bien, cualquiera- Sentía un sorpresivo ataque de soledad fluyendo a través de mi. Dimitri debería haber estado aquí conmigo. Así es como se suponía que fuera. Cerrando mis ojos, me permití imaginarme que él estaba realmente aquí, a unos pocos centímetros mientras hablábamos.

“No te preocupes, camarada. Yo puedo hacer esto con los ojos vendados. Infiernos, a lo mejor yo de hecho deba hacerlo. ¿Tienes algo que pueda usar? Si eres amable conmigo, hasta podría dejarte amarrármelo”. Dado que esta fantasía hubiera tomado lugar después de que dormimos juntos y habíamos decidido hacer que las cosas funcionaran, había una fuerte posibilidad de que él me hubiera ayudado a quitarme esa venda- entre otras cosas.

Yo podía imaginarme perfectamente la sacudida exasperada de cabeza que ese comentario me hubiera hecho obtener. “Rose, lo juro, algunas veces parece que cada día que paso contigo es mi propia prueba personal.” Pero yo se que de cualquier forma, el hubiera sonreído y la mirada alentadora y llena de orgullo que él me hubiera dado mientras me dirigía hacia el campo, hubiera sido todo lo que necesitaba para pasar los exámenes- “¿Estás meditando?”

Abrí mis ojos, sorprendida por esa voz. “¿Mamá? ¿Qué estás haciendo aquí?” Frente a mi estaba Janine Hathaway, mi madre, quien era unos pocos centímetros más baja que yo pero tenía la suficiente energía en su interior para luchar contra alguien del doble de mi tamaño. La mirada peligrosa en su bronceada cara retaba a cualquiera a que la desafiara. Ella me dio una sonrisa seca y puso una mano en su cadera.

“¿honestamente pensabas que no iba a venir a verte?”

“No lose” Admití, sintiéndome casi culpable por dudar de ella. Ella y yo no hemos tenido mucho contacto durante los años, y fueron sólo los eventos recientes-la mayoría de ellos malos- que comenzaron a restablecer la conexión entre nosotras. La mayor parte del tiempo, no sabía que sentir por ella. Yo oscilaba entre un poco de necesidad infantil por su madre ausente y el resentimiento adolescente por su abandono. “Pensé que tenias, ya sabes, cosas más importantes que hacer”

“No había nada que pudiera hacerme perder esto” dijo ella firmemente. Ella inclinó su cabeza hacia la puerta, haciendo que sus rizos rojizos se balancearan. “A tu padre tampoco”.

“¿Qué?”

Me apresuré hacia la puerta y eché un vistazo al campo. Mi vista no era fantástica, gracias a todos los obstáculos en el camino, pero era lo suficientemente buena. Allí estaba él: Abe Mazur. El era realmente fácil de encontrar con su barba y bigote negro y con su bufanda verde esmeralda anudada alrededor de su camisa de vestir negra. Yo incluso podía entrever el brillo de su arete de oro. El tenía que estar derritiéndose en este calor, pero al parecer se necesitaba algo más que un poco de sudor para calmar su llamativo sentido de la moda. Si mi relación con mi madre era incipiente, mi relación con mi padre simplemente no existía. Lo conocí en Mayo, e incluso así, no fue hasta que regresé que me enteré de que era su hija. Todos los dhampirs tenemos un padre Moroi, y él era el mío. Yo aún no estaba segura de como sentirme al respecto. La mayor parte de su pasado era un misterio, pero había bastantes rumores de que él estaba envuelto en negocios ilegales. La gente también actuaba como si fuera del tipo rompe-rodillas, y a pesar de haber visto pocas evidencias de esto, no me sorprendía. En Rusia era conocido como Zmey: La serpiente.

Mientras lo miraba anonadada, mi mamá se acercó a mi lado. “El va a ponerse feliz de que hayas llegado a tiempo” dijo ella. “El estaba organizando una gran apuesta a cerca de si te ibas a presentar o no. El puso su dinero a tu favor, si eso te hace sentir mejor”. Yo gruñí. “Por supuesto. Claro que el tenía que ser el organizador de la apuesta. Debería haberlo sabido tan pronto como - Mi mandíbula cayó abierta.

” ¿El está hablando con Adrian?” Si. Sentado al lado de Abe estaba Adrian Ivashkov- Mi casi novio. Adrian era un Moroi de la realeza- y otro usuario del espíritu como Lissa. El había estado loco por mí desde que nos conocimos, pero yo sólo tenía ojos para Dimitri. Después de fallar en Rusia, yo regresé y le había prometido a Adrian una oportunidad. Para mi sorpresa las cosas habían salido... bien entre nosotros. Incluso fantásticas. El me había escrito una propuesta de por qué salir con él era la decisión correcta. Incluía cosas como “Dejaré los cigarrillos a menos que de verdad, de verdad necesite uno” y “Prepararé sorpresas románticas cada semana como: un picnic repentino, rosas o un viaje a Paris- Aunque no realmente ninguna de las anteriores porque ahora no serían una sorpresa.”

No era como con Dimitri, pero entonces, supongo que dos relaciones no pueden ser exactamente iguales. Yo aún estaba decidida a salvar a Dimitri, pero eso no significaba que mi vida romántica había terminado- algo que me tomó un tiempo aceptar. Adrian me hacía feliz. Y por ahora, eso era suficiente.

Pero eso tampoco significaba que yo lo quisiera cerca del pirata mafioso de mi padre. “¡El es una mala influencia!” Protesté.

Mi madre resopló. “Realmente dudo que Adrian pueda influenciar tanto a Abe.”

“¡No Adrian! Abe. Adrian está intentando comportarse mejor. Abe lo arruinará todo.” Además de dejar de fumar, Adrian había jurado dejar de beber entre otros vicios en su propuesta. Yo bizqueé entre la multitud de las graderías para verlo a él y a Abe, tratando de adivinar que tema podría ser tan interesante.

“¿De que están hablando?”

“Creo que esa es la menor de tus preocupaciones en este momento”. Janine Hathaway era demasiado práctica. “Preocúpate menos por ellos, y más por ese campo”

“¿Crees que estén hablando sobre mi?” “¡Rose!” Mi mamá me dio un ligero golpe en el brazo, y yo arrastre mis ojos de vuelta a ella. “Tienes que tomarte esto en serio. Mantén la calma y no te distraigas”. Sus palabras se parecían tanto a lo que imaginé que diría Dimitri, que una pequeña sonrisa se instaló en mi cara. No estaba sola después de todo. “¿Qué es tan gracioso?” Me pregunto ella con cautela. “Nada” dije yo, dándole un abrazo. Ella estaba petrificada al principio, pero entonces se relajó, abrazándome brevemente antes de retirarse. “Me alegra que estés aquí”.

Mi madre no era del tipo afectivo, y la sorprendí fuera de guardia. “Bien” dijo ella, obviamente aturdida, “Te dije que no me lo perdería.”

Yo miré de nuevo hacia las graderías. “Abe, por otro lado, no estoy tan segura”

O... espera. Una extraña idea se me ocurrió. No, no tan extraña de hecho. Turbio o no, Abe tiene conexiones- algunas lo suficientemente extensas para mandarle un mensaje a la prisión a Víctor Dashkov.

Abe le había pedido información sobre Robert Doru, como un favor para mí.

Cuando Víctor le envió un mensaje de vuelta diciendo que no tenía ninguna razón para ayudarle a Abe, rechacé demasiado pronto a mi padre y me apresuré con la idea de sacarlo de prisión. Pero ahora-

“Rosemarie Hathaway!”

Fue Alberta quien me llamó, su voz sonando fuerte y clara. Era como una trompeta, una llamada a la batalla. Todos los pensamientos sobre Abe y Adrian-y si, incluso Dimitri- se desvanecieron de mi mente. Creo que mi madre me deseó buena suerte, pero las palabras exactas se perdieron mientras me apresuraba hacia el campo donde me esperaba Alberta. La adrenalina corría por mis venas. Mi pulso se aceleró de nuevo. Toda mi atención estaba ahora en lo que tenía adelante: la prueba que finalmente me convertiría en una guardiana.