viernes, 4 de diciembre de 2009

BEAUTIFUL CREATURES, Capitulo 2

Uuu, casi no alcanzo...

BEAUTIFUL CREATURES
Capitulo 2
Traducido por Caty

9.02
SOÑANDO

“Ethan!”

Ella me llamó, y tan sólo el sonido de su voz hizo que mi corazón se acelerara.

“¡Ayúdame!”

Ella estaba cayendo, tambien. Yo estiré mi brazo, tratando de atraparla. Lo intenté, pero todo lo que alcancé fue aire. No había suelo debajo de mis pies, y yo estaba aferrándome al lodo. Las puntas de nuestros dedos se tocaron y vi chispas verdes en la oscuridad.

Entonces ella se resbaló entre mis dedos, y todo lo que pude sentir fue pérdida.

Limones y romero. Podía olerla incluso entonces.

Pero no pude atraparla.

Y yo no podía vivir sin ella.

Me senté con un salto, tratando de normalizar mi respiración.

“¡Ethan Wate! ¡Despierta! No voy a permitir que llegues tarde al primer día de clase” Yo podía oír la voz de Amma llamándome desde abajo.

Mis ojos se enfocaron en un halo de luz que atravesaba la oscuridad. Podía escuchar el tamborileo de la lluvia resonando contra nuestra vieja plantación. Debe estar lloviendo. Debe ser de mañana. Yo debo estar en mi habitación.

Mi habitación estaba caliente y húmeda, por la lluvia. ¿Por qué estaba mi ventana abierta?

Mi cabeza estaba matándome. Caí de nuevo en la cama, y el sueño retrocedió como siempre lo hacía. Estaba seguro en mi cuarto, en nuestra antigua casa, en la misma cama de caoba en la que probablemente habían dormido seis generaciones de Wates antes de mí, donde la gente no caía en pozos hechos de lodo, y nunca pasaba nada en realidad.

Me quedé mirando el techo de yeso, pintado del color del cielo para evitar que las abejas carpinteras aniden en el. ¿Qué me está pasando?

He estado teniendo este sueño por meses. Incluso cuando no puedo recordarlo todo, la parte que recordaba siempre era la misma. La chica estaba cayendo. Yo estaba cayendo. Yo tenía que aguantar, pero no podía. Si me soltaba, algo terrible iba a pasarle a ella. Pero esa era la cosa. Yo no podía soltarme. No podía perderla. Era como si estuviera enamorado de ella, aunque no la conocía. Casi como amor antes de la primera vista.

Lo que parecía bastante loco porque ella era tan sólo una chica en un sueño. Ni siquiera sabía cómo se veía. Había tenido el mismo sueño durante meses, pero en todo este tiempo nunca he visto su cara, o no podía recordarla. Todo lo que sabía es que el mismo sentimiento horrible lo tenía cada vez que la perdía. Ella se deslizaba entre mis dedos, y yo sentía mi estómago caer-de la forma en que sientes cuando estás en una montaña rusa y el auto toma una bajada profunda.

Mariposas en tu estomago. Esa era una metáfora bastante mala. Mis audífonos estaban aún enredados en mi cuello, y cuando mire mi iPod, vi una canción que no reconocía.

Dieciséis Lunas.

¿Que era eso? Presioné el botón. La melodía era obsesionante. No podía identificar la voz, pero me sentía como si la hubiera escuchado antes.

Dieciséis lunas, dieciséis años.

Dieciséis de tus miedos más profundos.

Dieciséis veces tú soñaste con mis lágrimas.

Cayendo, cayendo a través de los años.

Tenía un humor cambiante, tétrico-casi hipnótico.

“Ethan Lawson Wate!” Podía oír a Amma gritar sobre la música.

La apagué y me senté en mi cama, quitándome de encima las cobijas. Mis sábanas se sentían como si estuvieran llenas de arenas, pero yo sabía lo que pasaba.

Era tierra. Y mis uñas estaban llenas de lodo negro, justo como la última vez que tuve el sueño.

Arrugué la sabana, dejándola debajo de la camisa sudorosa del entrenamiento de ayer. Me metí en la ducha y traté de olvidarlo mientras fritaba mis manos, y las últimas marcas negras de mi sueño desaparecían en el desagüe. Si no pensaba en eso, no estaba pasando. Pero no era así cuando se trataba de ella. No podía evitarlo. Siempre pensaba en ella. Seguía regresando al mismo sueño, incluso cuando no podía explicarlo. Así que ese era mi secreto, todo lo que había para contar. Yo tenía dieciséis años, estaba enamorándome de una chica que no existía y estaba enloqueciéndome lentamente.

Sin importar que tan fuerte me fregara, no podía hacer que mi corazón dejara de acelerarse. Y sobre el olor del jabón de marfil y del Shampoo Stop & Shop, podía olerlo. Sólo un poco, pero sabía que estaba ahí.

Limones y romero.

Bajé al primer piso a la reconfortante igualdad de las cosas. En la mesa del desayuno, Amma servía en la misma vieja vajilla azul y blanca -Platos dragón, como la llamaba mi mamá- huevos fritos, tocino, tostadas con mantequilla y sémola de maíz estaban en frente mío. Amma era nuestra ama de llaves, pero era más como mi abuela, excepto que era más inteligente y rara que mi verdadera abuela. Amma prácticamente me había criado, y ella sentía que su misión personal era hacerme crecer al menos otros treinta centímetros, incluso cuando ya medía 1,87. Esta mañana estaba extrañamente hambriento, como si no hubiera comido durante una semana. Me serví un huevo y dos piezas de tocino en mi plato, sintiéndome mejor. Le sonreí con mi boca llena.

“No te preocupes por mi Amma. Es el primer día de escuela.” Ella descargó un vaso gigante de jugo de naranja y uno aún más grande de leche- leche entera, del único tipo que consumimos por aquí - frente a mí.

“¿Se acabó la leche achocolatada?” Yo tomaba leche achocolatada de la misma forma en que algunas personas tomaban Coca cola o café. Incluso en la mañana, siempre estaba en busca de mi próxima dosis de azúcar.

“A.C.O.S.T.U.M.B.R.A.T.E.” Amma tenía un crucigrama para todo, entre más larga la palabra, mejor, y a ella le gustaba usarlos. La forma en que te deletreaba las palabras letra por letra, se sentía como si te estuviera acariciando la cabeza, cada vez. “Como en, acostúmbrate. Y ni se te ocurra poner un píe fuera de esa puerta hasta que te bebas la leche que te serví.”

“Si señora.”

“Veo que te arreglaste”. No lo había hecho. Estaba usando jeans y una camisa desteñida, como casi todos los días. Todas ellas decían cosas diferentes; la de hoy era de Harley Davidson. Y los mismosnConverse que había usado durante los últimos tres años.

“Pensé que ibas a cortarte ese cabello” Ella lo dijo con una pequeña mueca, pero yo lo reconocía por lo que era: simple y viejo cariño-

“¿Cuando dije eso?”

“¿No sabes que los ojos son la ventana del alma?”

“Tal vez no quiero a nadie asomándose a la mía”

Amma me castigó con otro plato de tocino. Ella medía apenas 1,50 y era probablemente más vieja que los Platos Dragón, aunque en cada cumpleaños ella insistía en que apenas tenía cincuenta y tres. Pero Amma era cualquier cosa excepto una cálida ancianita. Ella era la autoridad absoluta en mi casa.

“Bien, no creas que vas a salir con el cabello mojado en este clima. No me gusta cómo se siente esta tormenta. Como si algo malo hubiera molestado al viento, y no hay forma de detener un día así. Tiene voluntad propia”.

Yo rodé mis ojos. Amma tenía una forma particular para referirse a las cosas. Cuando ella estaba de ese humor, mi mamá solía llamarlo irse a la oscuridad - la religión y la superstición mezcladas, como sólo se podía hacer en el sur. Cuando Amma estaba oscura, era mejor simplemente mantenerse fuera de su camino. Igualmente era mejor dejar sus amuletos en las ventanas y las muñecas que hacía en los cajones donde las dejaba.

Yo engullí otra carga de huevo y terminé mi desayuno de campeones - huevos, jamón y tocino, todo embutido en un sándwich tostado. La puerta del estudio de mi padre a estaba cerrada. Mi papá escribía toda la noche y dormía en el viejo sofá de su estudio durante el día. Así había sido desde que mamá murió el pasado Abril. El bien podría ser un vampiro; eso es lo que mi tía Caroline dijo después de quedarse con nosotros esa primavera. Probablemente había perdido mi posibilidad de verlo hasta mañana. No había forma de abrir esa puerta después de que era cerrada.

Escuché un claxon desde la calle. Link. Agarré mi desgastada maleta negra y corrí desde la puerta hacia la lluvia. Podrían haber sido las siete de la noche tan fácil como las siete de la mañana, así de oscuro estaba el cielo. El clima había estado extraño los últimos días.

El auto de Link, el Beater, estaba en la calle, su motor ronroneando, la música a todo volumen. Yo había ido con Link a la escuela desde el Jardín de infantes, cuando nos convertimos en mejores amigos después de que él me diera la mitad de su Twinkie en el bus escolar. Sólo fue después cuando descubrí que lo había dejado caer al suelo.

Aun cuando los dos habíamos obtenido nuestras licencias este verano, Link era el único que tenía un auto, y ese era el fin de la historia.

Por lo menos el motor del Beater estaba a salvo de la tormenta.

Amma se paró en el porche, sus brazos cruzados desaprobatorios. “No pongas esa música ruidosa aquí, Wesley Jefferson Lincoln. No creas que no voy a llamar a tu mamá para contarle lo que estuviste haciendo el verano de cuando tenías nueve años en el sótano”

Link parpadeó. No muchos lo llamaban por su nombre real, excepto su madre y Amma.

“Si señora.”

La puerta se cerró con un estruendo. El se rió, girando sus ruedas sobre el asfalto mientras salía de la entrada. Como si estuviéramos escapándonos, lo que describía bastante bien la forma en que conducía siempre. Excepto que nunca nos íbamos lejos.

“¿Qué hiciste en mi sótano cuando tenías nueve años?”

“¿Qué no hice en tu sótano cuando tenía nueve años?” Link le bajó el volumen a la música, lo que era bueno, porque era terrible y el estaba a punto de preguntarme si me gustaba, como lo hacía todos los días. La tragedia de su banda, Quién le disparó a Lincoln, era que ninguno de sus integrantes podía tocar realmente un instrumento ni cantar. Pero el siempre estaba hablando de tocar la batería y mudarse a New York después de la graduación y contratos de grabación que probablemente nunca iban a firmarse. Y por probablemente, me refiero a que él es más propenso a hundirse en una esquina del parqueadero del gimnasio, totalmente borracho.

Link no quería ir a la universidad, pero aún así tenía las cosas más claras que yo. El sabía lo que quería hacer, incluso cuando era bastante difícil. Todo lo que yo tenía era una caja de zapatos llena de panfletos de Universidades que no le podía enseñar a mi papá. No me importaba de cual se tratara, mientras estuvieran por lo menos a mil millas de Gaitlin.

Yo no quería terminar como mi papá, viviendo en la misma casa, en el mismo pequeño pueblo en el que crecí, con la misma gente que nunca ha intentado irse de aquí.

A cada lado de nosotros, viejas casas Victorianas delineaban las calles, casi igual a cuando fueron construidas hace cien años. Mi calle se llamaba Cotton Bend porque esas casas viejas solían preceder millas y millas de campos de algodón. Ahora ellas simplemente precedían la Ruta 9, lo que era casi la única cosa que había cambiado por aquí.

Tomé una dona glaseada de la caja que estaba en el suelo del auto. ” ¿Tu subiste esa rara canción a mi iPod anoche?”

“¿Cual canción? ¿Qué piensas de esta?” Link puso su último demo.

“Creo que necesitas trabajar en ella. Como todas tus canciones” Era lo mismo que le decía todos los días, más o menos.

“Si, bien, tu cara va a necesitar que trabajen en ella después de que te de una buena golpiza”. Era lo mismo que él respondía todos los días, más o menos.

Yo busqué en mi lista de reproducción. “La canción, creo que se llamaba Dieciséis lunas o algo así”

“No sé de qué estás hablando”. No estaba ahí. La canción había desaparecido, pero yo acababa de escucharla esta mañana. Y yo sabía que no me la había imaginado, porque aún la tenía en mi cabeza.

“Si quieres escuchar una canción, te pondré una nueva.” Link miró hacia abajo buscando la canción.

“Hey, hombre, mantén tus ojos en la carretera”

Pero él no lo hizo, y de reojo, vi un extraño auto pasar frente a nosotros...

Durante un segundo, los sonidos de la carretera y la lluvia y Link se disolvieron en el silencio, y pareció como si todo estuviera moviéndose en cámara lenta. No podía apartar mis ojos del auto. Era simplemente un sentimiento, nada que pueda describir. Y entonces, nos sobrepasó, girando hacía otra vía.

No reconocí el auto. Nunca lo había visto antes. Ustedes no pueden imaginarse lo imposible que es eso, porque conozco cada uno de los autos del pueblo. En esta época del año no había turistas. Ellos no se arriesgarían en plena temporada de huracanes.

Este auto era largo y negro, como un coche fúnebre. De hecho, estaba bastante seguro de que eso es lo que era. Tal vez era una premonición. Tal vez este año iba a ser peor de lo que me imaginaba.

“Aquí está.”Pañuelo Negro”. Esta canción me va a convertir en una estrella.”

Para cuando el levantó la mirada, el auto había desaparecido.


LEE EL CAPITULO 3, MAÑANA EN EL BLOG DE MI SIS RANIA, NENAS BELIKOV