sábado, 12 de diciembre de 2009

BEAUTIFUL CREATURES, Capitulo 8

CAPITULO 8
Traducido por Caty

9.12
Las Hermanas

La mesa de la cocina estaba aún puesta cuando regresé a casa. Afortunadamente para mí, porque Amma me hubiera matado si me perdía la cena.

Lo que no había considerado era la cadena telefónica que debía haberse activado en el momento justo en que dejé la clase de inglés. No menos de medio pueblo debe haber llamado a Amma, para la hora en que llegue a casa.

“¿Ethan Wate? ¿Eres tú?” Porque si lo eres estás en graves problemas.”

Escuche un sonido de golpeteo familiar. Esto era peor de lo que había pensado. Pasé por la puerta hacia la cocina. Amma estaba aún esperando en el mesón con su delantal industrial de jean, el cual tenía catorce bolsillos para utensilios y podía sostener hasta cuatro taladros.

Ella estaba sosteniendo su cuchillo chino, el mesón estaba lleno de pilas de zanahorias, repollo y otros vegetales que no pude identificar.

Los rollitos primavera* requerían picar más que cualquier otra receta del libro de Amma. Si ella estaba preparando rollitos primavera, sólo tenía un significado, y no era precisamente que le gustara mucho la comida china.

El entrenador llamo esta tarde, y el Sr. Inglés y el Director Harper, y la mamá de Link y la mitad de las señoras de la HRA. Y tú sabes cuánto odio hablar con esas mujeres. Malvadas como el pecado, cada una de ellas”

Gaitlin estaba lleno de damas dispuestas a ayudar, pero la HRA era la madre de todas ellas.

Fieles a su nombre, para ingresar a las Hijas de la Revolución Americana, tenías que demostrar que estabas emparentado con un verdadero patriota de la revolución americana para ser considerado como miembro.

Ser miembro, aparentemente te daba derecho a decirle a todos tus vecinos de la calle River de qué color pintar sus casas, además de ser mandón en general, esparcir chismes y juzgar a todos los habitantes del pueblo.

A todos menos a Amma. Eso me gustaría verlo.

“Todos ellos dicen lo mismo. Que huiste de la escuela, en medio de una clase, persiguiendo a esa chica Duchannes”

Otra zanahoria rodó atravesando la tabla de cortar.

“Lo sé, Amma, pero-”

La zanahoria se partió a la mitad.

“Así que yo dije,”No, mi chico no se iría de la escuela sin permiso ni faltaría a la práctica. Debe tratarse de un error. Debe ser algún otro chico faltándole al respeto a sus profesores y manchando el nombre de su familia. No puede tratarse de un chico al que yo crié, uno que vive en esta casa”

Cebollas verdes volaron a través del mesón.

Había cometido el peor de los crímenes, avergonzarla. Lo peor de todo, ante los ojos de la Sra. Lincoln y las mujeres de la HRA, sus enemigas juradas.

“¿Qué puedes decir para defenderte? ¿Qué podría justificar que escaparas de la escuela como si estuviera en fuego? Y no quiero escuchar que lo hiciste por alguna chica.”

Respiré profundamente. ¿Qué podía decir? ¿Qué he estado soñando con una chica misteriosa durante meses y que esa chica resultó ser la sobrina de Macon Ravenwood?

Entonces, en adición a los sueños terroríficos sobre esta chica, tuve una visión de alguna otra mujer, una que definitivamente no conozco, que vivió durante la guerra civil.

Sí, eso me sacaría de este problema, al mismo tiempo que el sistema solar estallara y el sistema solar muriera.

“No es lo que piensas, Los chicos en nuestra clase estaban haciendo sentir mal a Lenna, molestándola con su tío, diciendo que ella transporta cadáveres en su coche fúnebre, y ella se enojó mucho y salió corriendo de clase”

“Estoy esperando que llegues a la parte que explica que tiene que ver todo eso contigo”

“¿No eres tú la que siempre ha dicho que debo seguir el ejemplo de nuestro Señor? ¿No crees que él hubiera querido que defendiera a alguien que estaba siendo maltratado?”

Ahora lo había hecho.

Podía verlo en sus ojos.

“No te atrevas a usar la palabra del Señor para justificar el rompimiento de las reglas de la escuela, o te juro que voy afuera a buscar una vara y a marcar algo de buen sentido en tu espalda. No me importa cuantos años tengas. ¿Me escuchaste?”

Amma nunca me había golpeado con nada en toda mi vida, a pesar de haberme perseguido con una vara unas cuantas veces para aclarar un punto. Pero este no era el momento para recordarle eso.

La situación estaba yendo rápidamente de mal a peor; necesitaba una distracción.

El camafeo aún se sentía pesado en mi bolsillo trasero. Amma amaba un buen misterio. Ella me había enseñado a leer cuando tenia cuatro años usando novelas policiacas y crucigramas justo sobre su hombro.

Yo era el único niño del jardín infantil que podía leer la palabra examinación en el tablero, porque se parecía mucho a examen médico. Y en cuanto a misterios, el camafeo era uno bueno. Simplemente iba a saltarme la parte de tocarlo y tener una visión de la Guerra civil.

“Tienes razón Amma. Lo siento. No debería haber dejado la escuela. Sólo estaba intentando asegurarme de que Lena estaba bien. Una ventana se rompió en el salón justo tras de ella, y ella estaba sangrando. Sólo fui a su casa para ver si se sentía bien”

“¿Estuviste en esa casa?”

“Si, pero ella estaba afuera. Su tío es realmente tímido, me imagino”

“No necesitas decirme nada sobre Macon Ravenwood, como si supieras algo que yo no sé”

La Mirada.

“L.E.T.A.R.G.I.C.O.”

“¿Qué?”

“Como en, no tienes ni una pizca de sentido común, Ethan Wate”

Saqué el camafeo de mi bolsillo trasero y caminé hacia donde ella estaba aún parada al lado del fogón.

“Estábamos en el jardín, atrás de la casa, y encontramos algo” dije, abriendo mi mano para que ella pudiera verlo. “Tiene una inscripción adentro”.

La expresión en la cara de Amma me detuvo. Ella se veía como si algo le hubiera sacado el aire de los pulmones.

“Amma, ¿Te sientes bien?” La tome por el codo, para estabilizarla en caso de que estuviera a punto de desmayarse. Pero ella alejó su brazo antes de que pudiera tocarla, como si se hubiera quemado la mano con la manija de un recipiente.

“¿De dónde sacaste eso?” Su voz era un susurro.

“Lo encontramos en la tierra, en Ravenwood”.

“Eso no lo encontraste en la plantación Ravenwood”

“¿De qué estás hablando? ¿Cómo sabes de donde salió esto?”

“Quédate justo ahí, No te muevas.” Dijo ella, apresurándose hacia la cocina.

Pero la ignoré, siguiéndola hacia su cuarto. Este siempre había parecido más una botica que una habitación, con una cama sencilla bajita en medio de filas de armarios.

En los armarios habían periódicos impecablemente ordenados-Amma nunca tiraba a la basura un crucigrama resuelto- y jarras llenas de sus ingredientes para hacer hechizos. Algunos eran bastante estándar: Sal, huesos de colores, hierbas. Entonces estaban las colecciones más inusuales, como una jarra con raíces y otra con nidos de pájaros abandonados. El estante superior eran simplemente botellas con tierra.

Ella estaba actuando extraño, incluso para Amma. Yo iba tan sólo un par de pasos tras ella, pero cuando entré, ya estaba buscando en los cajones.

“Amma, que estás-”

“¿No te dije que te quedaras en la cocina? ¡No traigas esa cosa aquí!” Ella se alejó, cuando yo di un paso hacia ella.

“¿Por qué estás tan molesta?”

Ella metió varias cosas que no pude ver muy bien en su delantal de herramientas, y se apresuró a salir del cuarto. La alcancé de nuevo en la cocina.

“Amma, ¿Cual es el problema?”

“Toma esto” Ella me entregó un pañuelo tejido, cuidándose de no tocar mi mano con la suya. “Ahora envuelve esa cosa en esto. Justo aquí, justo ahora.”

Esto iba más allá de su lado oscuro, iba directo a la locura.

“Amma-“

“Haz lo que te digo, Ethan” Ella nunca decía mi nombre sin decir también mi apellido.

Una vez que el camafeo estuvo totalmente envuelto en el pañuelo, ella se calmó un poco.

Ella buscó en los bolsillos de debajo de su delantal, removiendo una pequeña bolsa de cuero y un vial con polvo. Yo sabía lo suficiente para reconocer uno de sus hechizos cuando lo veía. Su mano tembló ligeramente mientras ponía un poco del polvo oscuro dentro de la bolsita de cuero.

“¿Lo envolviste bien?”

“Si” dije, esperando que ella me corrigiera por responderle tan informalmente.

“¿Seguro?”

“Si”

“Ahora ponlo aquí”

La bolsita de cuero se sentía cálida y suave en mi mano.

“Hazlo. Ahora”

Yo metí el ofensivo camafeo en la bolsa.

“Ata esto alrededor” Instruyó ella, entregándome una pieza de lo que parecía hilo normal, aunque yo sabía que nada de lo que Amma usaba para sus hechizos era normal, o lo que parecía.

“Ahora llévatelo de aquí, al lugar donde lo encontraste y entiérralo. Llévalo directamente allá”

“Amma, ¿Qué está pasando?”

Ella avanzó unos cuantos pasos y me tomo de la barbilla, quitando el cabello de mis ojos. Por primera vez desde que saqué el camafeo de mi bolsillo, ella me miró a los ojos. Nos quedamos así por lo que pareció el minuto más largo de mi vida. Su expresión era extraña, incierta.

“Aún no estás listo” ella susurró, dejándome ir.

“¿No estoy listo para qué?”

“Haz lo que te digo. Lleva esa bolsa de regreso a donde lo encontraste y entiérralo. Entonces regresa a casa. No te quiero ver alrededor de esa chica nunca más, ¿Entiendes?”

Ella había dicho todo lo que tenía que decir, incluso más. Pero yo nunca lo sabría porque si hay una cosa en la que Amma era mejor que en leer cartas o resolver un crucigrama, era en guardar secretos.

“Ethan Wate ¿estás despierto?”

¿Qué hora era? Nueve y media. Sábado. Ya debería estar despierto, pero estaba exhausto. Anoche había pasado dos horas caminando por ahí, para que Amma creyera que había regresado a Greenbrier a enterrar el camafeo.

Me bajé de mi cama y caminé por el cuarto, tropezando con una caja de Oreos rancias.

Mi habitación era siempre un desastre, amontonada con tantas cosas que mi padre decía que causaba riesgo de incendio y que algún día iba a quemar toda la casa, aunque él no había estado aquí en mucho tiempo.

Además de mi mapa, las paredes y el techo estaban empapeladas con posters de lugares que esperaba conocer algún día- Atenas, Barcelona, Moscú, incluso Alaska.

La habitación estaba delineada por filas de cajas de zapatos, algunas llegaban al metro de alto.

A pesar de que estaban puestas al azar, yo podría decirte la ubicación de cada caja- desde la blanca de Adidas con mi colección de encendedores de mi fase pirotécnica durante el octavo grado, hasta la caja verde de New Balance con las conchas marinas y un desgastado pedazo de bandera que encontré en el Fuerte Sumter con mi mamá.

Y la que estaba buscando, la caja amarilla de Nike, con el camafeo que había hecho que Amma enloqueciera.

Abrí la caja y saqué la suave bolsa de cuero.

Esconderlo había parecido una buena idea anoche, pero lo guardé de nuevo en mi bolsillo, por lo que ocurriera.

Amma gritó desde la escalera de nuevo. “Baja aquí ya mismo o vas a llegar tarde”

“Bajo en un minuto”

Cada sábado, pasaba la mitad del día con las tres mujeres más ancianas de Gaitlin, mis tías abuelas Mercy, Prudence y Grace. Todos en el pueblo las llamaban Las Hermanas, como si fueran una sola entidad, lo que de cierto modo era verdad. Todas ellas estaban cerca de cumplir cien años, y ni siquiera ellas podían recordar quién era la mayor.

Las tres habían estado casadas múltiples veces, pero habían vivido más que todos sus esposos y se habían mudado a la casa de tía Grace. Y ellas eran incluso más locas que viejas.

Cuando tenía doce, mi mamá comenzó a llevarme los sábados para ayudarles, y yo continué haciéndolo desde entonces. La peor parte era tener que llevarlas a la iglesia los sábados. Las hermanas eran bautistas del sur, y ellas iban a la iglesia los sábados y los domingos, y la mayoría de los otros días, también.

Pero hoy era diferente. Yo estaba fuera de mi cama y en la ducha, antes de que Amma pudiera llamarme la tercera vez. No podía esperar para llegar allí.

Las hermanas conocían prácticamente a todos los que vivían en Gaitlin; ellas debían, dado que entre las tres, habían estado relacionadas con la mitad del pueblo por matrimonio, en un momento u otro.

Después de la visión era obvio que la G en GKD era por Genevie. Pero si había alguien que pudiera saber a que correspondían el resto de las iníciales, esas eran las tres mujeres más viejas del pueblo.

Cuando abrí el primer cajón de mi armario para sacar medias, noté una pequeña muñeca que parecía un muñeco de trapo, sosteniendo una pequeña bolsa de sal y una piedra azul, uno de los hechizos de Amma.

Ella los hacía para alejar los malos espíritus o la mala suerte, incluso un resfriado. Ella puso uno en la puerta del estudio de mi padre cuando comenzó a trabajar los domingos en lugar de ir a la iglesia. Incluso a pesar de que mi papá no le prestaba mucha atención cuando asistía, Amma decía que el Buen Señor le daba crédito por estar allí.

Un par de meses después mi papá le compró por internet una bruja de cocina y la colgó sobre la estufa. Amma estaba tan molesta que le sirvió sémola fría y café quemado durante una semana.

Usualmente, yo no le ponía mucha atención a los pequeños regalos de Amma cuando encontraba uno.

Pero había algo a cerca del camafeo. Algo de lo que ella no quería que me enterara.

Había una sola palabra para describir la escena que encontré cuando llegué a la casa de Las Hermanas.

Caos.

Tía Mercy abrió la puerta, aún tenía sus rulos.

“Gracias a Dios que llegaste Ethan. Tenemos una E-mergencia en nuestras manos” dijo ella, pronunciando la “E” como si se tratara de otra palabra por sí sola.

La mitad del tiempo no podía entender nada de lo que decían, sus acentos eran tan densos y su gramática peor. Pero así era en Gaitlin; tú podías adivinar la edad de alguien por la forma en la que hablaban.

“¿Ma’dam?”

“Harlom James ha sido herido, y no estoy segura de que no se encuentre a punto de morir” Ella susurró las últimas tres palabras como si el mismísimo Dios pudiera estar escuchando, y ella estuviera asustada de darle ideas. Harlom James era el Yorkshire terrier de tía Prudence, nombrado en honor a su último esposo fallecido.

“¿Qué paso?”

“Te diré lo que pasó” dijo tía Prudence, apareciendo de la nada con un kit de primeros auxilios en su mano. “Grace trató de matar al pobre Harlom James, y el está apenas resistiendo”

“No traté de matarlo” respondió tía Grace desde la cocina, “No cuentes historias Prudence Jane. ¡Fue un accidente!”

“Ethan, tu ve a llamar a Dean Wilks, y dile que tenemos una E-mergencia” tía Prudence instruyó, sacando una píldora de sales olorosas y dos curitas extra largas del kit de primeros auxilios.

“¡Estamos perdiéndolo!”

Harlom James estaba tirado en el suelo de la cocina, viéndose traumatizado, pero para nada cerca a la muerte. Su pierna trasera estaba doblada debajo de él, y lo tiraba hacia atrás cuando trataba de pararse.

“Grace, con el Señor como testigo, si Harlom James muere...”

“El no va a morir, tía Prue. Creo que su pierna está rota. ¿Qué paso?”

“Grace lo golpeo de muerte con una escoba”

“Eso no es verdad. Te lo dije, no estaba usando mis espectáculos y él se veía justo como una de esas ratas gigantes corriendo por la cocina.”

“¿Como podías saber a qué se parece una rata gigante? Nunca has visto una en toda tu vida”

Así que llevé a Las Hermanas, quienes estaban completamente histéricas, y a Harlom James, que a estas alturas probablemente deseaba estar muerto, a la casa de Dean Wilkes en su Cadillac de 1964. Dean Wilks dirigía la tienda de alimentos, pero era lo más cercano que teníamos a un veterinario en el pueblo. Afortunadamente, Harlom James sólo se había fracturado una pierna, así que Dean Wilkes estaba a la altura de la tarea.

Para cuando regresamos a la casa, me estaba preguntando si el loco era yo por pensar en conseguir algún tipo de información de parte de Las Hermanas.

El auto de Thelma estaba en la calle. Mi papá había contratado a Thelma para cuidar a las Hermanas después de que tía Grace casi quema su casa hace diez años, cuando puso un pie de merengue de limón en el horno y lo dejo allí toda la tarde mientras ellas iban a la iglesia.

“¿Donde estaban, chicas?” preguntó Thelma desde la cocina.

Ellas tropezaron mientras intentaban sobrepasarse mutuamente camino a la cocina para contarle a Thelma su desgracia.

Yo me dejé caer en una de las poco combinadas sillas de la cocina cerca a tía Grace, quien parecía deprimida por ser de nuevo la villana de la historia.

Saqué el camafeo de mi bolsillo, sosteniendo la cadena con el pañuelo, y lo dejé rodar unas cuantas veces.

“¿Qué tienes ahí, buenmozo? preguntó Thelma, escupiendo tabaco hacia el bote de la ventana y acumulándolo en su labio inferior, lo que se veía aún más extraño de lo que suena, dado que Thelma era bastante delicada y se parecía a Dolly Parton.

”Es tan solo un camafeo que encontré en la Plantación Ravenwood.”

“¿Ravenwood? ¿Qué diablos estabas haciendo allá?

”Mi amiga se está quedando allá”

“¿Te refieres a Lenna Duchannes?” preguntó tía Mercy. Por supuesto que ella sabía, todo el pueblo lo sabía. Esto se trataba de Gaitlin.

“Si, ma’dam. Estamos en la misma clase en la escuela.” Ahora tenía su atención. “Encontramos este camafeo en el jardín que está atrás de la gran casa. No sabemos a quién le perteneció, pero parece que es realmente antiguo.”

“Eso no hace parte de la propiedad de Macon Ravenwood. Eso hace parte de Greenbrier.” dijo tía Prue, escuchándose bastante segura de sí misma.

“Déjame echarle un vistazo a eso” dijo tía Mercy, tomando sus anteojos del bolsillo de su abrigo.

Le entregué el camafeo, aún envuelto en el pañuelo. “Tiene una inscripción”

“No puedo leer eso. Grace, ¿puedes verlo?” Preguntó ella, entregándole el camafeo a tía Grace.

“Yo tampoco veo nada” dijo tía Grace esforzándose bastante.

“Hay dos iníciales, justo allí” dije yo, señalando las marcas en el metal, “ECW y GKD. Y si giras ese disco hacia afuera, hay una fecha, Febrero 11 de 1865.”

“Esa fecha se escucha familiar” dijo tía Prudence. “Mercy, ¿qué paso en esa fecha?”

“¿No te casaste ese día, Grace?”

“1865, no 1965.” Corrigió tía Grace. Su audición no estaba mucho mejor que su vista.

“Febrero 11 de 1865...”

“Ese fue el año en que los Federales casi queman totalmente Gaitlin.” Dijo tía Grace.

“Nuestro bisabuelo lo perdió todo en ese incendio. ¿No recuerdan esa historia, chicas? El General Sherman y el Ejercito de la Unión recorrieron el sur, quemándolo todo en su camino, incluyendo Gaitlin. Ellos lo llamaron El Gran Incendio. Por lo menos una parte de cada plantación en Gaitlin fue destruida, excepto Ravenwood. Mi abuelito solía decir que Abraham Ravenwood debió haber hecho un trato con el Diablo esa noche.”

“¿Qué quieres decir?”

“Es la única forma en la que ese lugar pudo haberse salvado. Los Federales quemaron cada plantación de la rivera del río, una al tiempo, hasta que llegaron a Ravenwood. Ellos simplemente la pasaron por alto, como si no estuviera allí.”

“Como contaba el abuelito, esa no fue la única cosa extraña a cerca de esa noche.” Dijo tía Prue, mientras le daba a Harlom James un trozo de tocino. “Abraham tenía un hermano, vivía allí con él. Y el simplemente desapareció esa noche. Nadie lo volvió a ver nunca.”

“Eso no parece extraño. Tal vez fue asesinado por los soldados de la Unión, o quedó atrapado en una de esas casas incendiadas.” Dije yo.

“O tal vez fue algo más. Ellos nunca encontraron su cadáver.”

Me di cuenta que la gente venía hablando de los Ravenwood por generaciones; no había comenzado con Macon Ravenwood. Me preguntaba que más sabrían las Hermanas.

“¿Qué hay a cerca de Macon Ravenwood? ¿Qué saben sobre él?”

“Ese chico nunca tuvo una oportunidad por ser un hijo ilegitimo”

En Gaitlin, ser ilegitimo era el equivalente a ser comunista o ateo.

“Su papi, Silas, conoció a la madre de Macon después de que su primera esposa lo dejo. Ella era una chica linda de New Orleans, creo. De cualquier forma, no mucho después Macon y su hermano nacieron. Pero Silas nunca se casó con ella, y entonces ella lo dejó también.”

Tía Prue la interrumpió, “Grace Ann, tú no sabes contar una historia. Silas Ravenwood era un E-xcentrico, y malvado como el día es largo. Y en esa casa pasaban cosas muy extrañas. Las luces permanecían encendidas toda la noche, y de vez en cuando un hombre con un sobrero alto y negro era visto vagando alrededor de la casa.”

“Y el lobo. Cuéntale sobre el lobo.”

No necesitaba que me contaran sobre ese lobo, lo que sea que fuera. Yo lo había visto por mí mismo. Pero no podía tratarse del mismo animal. Los perros, incluso los lobos, no vivían tanto tiempo.

“Había un lobo en la casa. ¡Silas lo trataba como si fuera una mascota!” Tía Mercy sacudió la cabeza.

“Pero esos chicos, ellos se mudaban una y otra vez de la casa de Silas a la de su madre, y cuando estaban con él, Silas los trataba horriblemente. Los golpeaba todo el tiempo y apenas los dejaba estar fuera de su vista. Ni siquiera los dejaba asistir a la escuela.”

“Tal vez sea por eso que Macon Ravenwood nunca deja su casa” Dije yo.

Tía Mercy sacudió su mano en el aire, como si esa fuera la cosa más tonta que hubiera escuchado en su vida.

“El sale de su casa. Yo lo he visto muchas veces en el edificio de la HRA, justo después de la hora de la cena.” Seguro que sí.

Ese era el problema de Las Hermanas; la mitad del tiempo ellas tenían un firme contacto con la realidad, pero eso era sólo la mitad del tiempo.

Nunca había escuchado de alguien que hubiera visto a Macon Ravenwood, así que dudaba que él estuviera paseándose por la HRA observando viejas pinturas y charlando con la Sra. Lincoln.

Tía Grace observó el camafeo detenidamente, sosteniéndolo sobre la luz. “Puedo decirte algo. Este pañuelo de aquí, le perteneció a Sulla Treadeau, era conocida como Sulla la profetiza, por la cantidad de personas que aseguraban que ella podía ver el futuro en sus cartas”

“¿Cartas de tarot?” Pregunté.

“¿Qué otro tipo de cartas hay?”

“Bien, hay cartas de juego, y cartas de felicitación, y cartas de acomodación para las fiestas...” Balbuceó tía Mercy.

“¿Cómo sabes que el pañuelo era suyo?”

“Sus iníciales están bordadas justo ahí en el borde, ¿Y ves eso que está ahí?”

Preguntó ella señalando una pequeña ave bordada debajo de las iníciales. “Eso de ahí era su marca”

“¿Su marca?”

“La mayoría de los adivinos tenían una marca en ese entonces. Ellos marcaban sus cartas para asegurarse de que nadie se las cambiara. Un adivino es tan bueno como sus cartas. Eso es todo lo que se.” Dijo Thelma, escupiendo dentro de una pequeña urna en la esquina de la habitación con la precisión de un tirador.

Treadeau. Ese es el apellido de Amma.

“¿Era familiar de Amma?”

“Claro que lo era. Era la tátara-tátara-abuela.”

“¿Y qué hay de las iníciales del pañuelo? ¿ECW y GKD? ¿Saben algo de esas?”

Era poco probable. No recordaba la última vez que las Hermanas habían tenido un momento de lucidez que durara tanto como este.

“¿Estás burlándote de una anciana, Ethan Wate?”

“No ma’dam”

“ECW. Ethan Carter Wate. El era tu tatara-tatara-tatara-tío. ¿O era tu tatara-tatara-tatara-tátara-tío?”

“Tú nunca has sido buena con la aritmética” Interrumpió tía Prudence.

“De cualquier modo, el era el hermano de tu tatara-tatara-tatara-tátara-abuelito Elli.”

“El hermano de Eli Wate se llamaba Lawson, no Ethan. De él obtuve mi segundo nombre.”

“Ellis Wate tuvo dos hermanos, Ethan y Lawson, tú fuiste nombrado en honor a los dos. Ethan Lawson Wate.”

Traté de recordar mi árbol familiar. Lo había visto las veces suficientes. Y si hay algo que un Sureño conoce, es su árbol familiar. No había ningún Ethan Carter Wate en la copia enmarcada que colgaba en nuestro comedor. Obviamente había sobreestimado la lucidez de la tía Grace.

Debo haberme visto poco convencido, porque un segundo después, tía Prue estaba parándose de su silla.

“Yo tengo el árbol de la familia Wate en mi libro de genealogía. Le sigo el rastro al linaje completo para las Hermanas de la Confederación.”

Las Hermanas de la Confederación, el primo menor de la HRA, pero igualmente horrorífico, era algún tipo de club de costura que se remontaba a la Guerra. Hoy en día, los miembros pasaban la mayor parte de su tiempo buscando sus raíces de la Guerra Civil para documentales y miniseries de televisión.

“Aquí está” Tía Prue salió de la cocina cargando un enorme álbum de cuero, con pedazos amarillentos de papel y viejas fotografías saliéndose de los bordes. Ella busco entre las páginas, dejando caer pedazos de papel y viejos recortes de periódico por todo el piso.

“Mira eso... Burton Free, mi tercer esposo. ¿No fue él el más apuesto de todos mis esposos?” Preguntó ella, sosteniendo en alto la vieja fotografía para que todos la viéramos.

“Prudence Jane, sigue buscando. Este chico está poniendo a prueba nuestra memoria.” Tía Grace estaba notablemente agitada.

“Está justo aquí, después del árbol de los Statham.”

Me quedé mirando los nombres que conocía perfectamente del árbol familiar que estaba en el comedor de mi casa.

Allí estaba el nombre, el que faltaba en el árbol familiar en la Plantación Wate- Ethan Carter Wate.

¿Por qué tendrían las Hermanas una versión diferente de mi árbol familiar? Era obvio cual era el verdadero. Estaba sosteniendo la prueba en mis manos, envuelto en el pañuelo de una profeta de ciento cincuenta años.

“¿Por qué no está en mi árbol familiar?”

“La mayoría de las familias en el Sur están llenas de mentiras, pero estaría sorprendida si el apareciera en cualquiera de las copias del árbol de los Wate.” Dijo tía Grace, cerrando el libro y dejando libre una nube de polvo que invadió el aire.

“Es sólo debido a mi excelente labor de archivo que él aparece en este” tía Prue sonrió, mostrando toda su dentadura.

Tenía que volverlas a enfocar. “¿Por qué no aparece en mi árbol familiar, tía Prue?

”Porque fue un desertor”

No entendía. “¿Qué quieres decir con desertor?”

“Señor, ¿Qué es lo que les enseñan en la escuela hoy en día?”

Tía Grace estaba ocupada sacando todos los pretzels del paquete de frituras mixtas.

“Desertores. Los Confederados que se escaparon del General Lee durante la Guerra.”

Yo debí haber parecido confuso porque tía Prue sintió la necesidad de explicarse.

“Había dos tipos de soldados Confederados durante la Guerra. Aquellos que apoyaban la causa de la Confederación y aquellos a los que sus familias los obligaban a enlistarse.” Tía Prue se levantó y caminó hacia el mesón, caminando de un lado a otro como un profesor de historia real dando una lección.

“Para 1865, el ejercito de Lee estaba vencido, pasando hambre y superado en número. Algunos dicen que los rebeldes estaban perdiendo la fe, así que se fueron. Desertaron de sus regimientos. Ethan Carter Wate fue uno de ellos. El fue un desertor.”

Las tres bajaron sus cabezas como si la vergüenza de esto fuera demasiado para ellas.

“¿Así que estas diciéndome que fue borrado del árbol familiar porque no quiso morir de hambre, luchando en una guerra para el bando equivocado?”

“Esa es una manera de verlo, supongo.”

“Eso es lo más estúpido que he escuchado en mi vida.”

Tía Grace saltó de su silla, tanto como una persona de noventa y algo puede saltar.

“No nos regañes, Ethan. Ese árbol fue cambiado mucho antes de que nosotras naciéramos.”

“Lo siento, ma’dam”

Ella arregló su falda y se sentó de nuevo.

“¿Por qué mis padres usaron el nombre de algún tatara-tatara-tatara-tío que avergonzó a la familia?”

“Bueno, tu mamá y tu papi tenían sus propias ideas al respecto, gracias a todos esos libros que leían sobre la Guerra. Tú sabes que ellos siempre han sido liberales. ¿Quién sabe que estaban pensando? Deberías preguntárselo a tu papi.”

Como si hubiera alguna posibilidad de que me lo dijera. Pero conociendo las sensibilidades de mis padres, mi mamá probablemente había estado orgullosa de Ethan Carter Wate. Yo estaba bastante orgulloso, también. Pasé mi mano sobre la descolorida página café del álbum de tía Prue.

“¿Y qué hay sobre las iníciales GKD? Creo que la G podría ser por Genevie” dije, sabiendo desde antes que así era.

“GKD. ¿No saliste una vez con un chico que tenía las iníciales GK, Mercy?”

“No puedo recordar. ¿Tu recuerdas un GK, Grace?”

“GK... ¿GK? No, ninguno que recuerde”

Las había perdido.

“Oh mi Dios, miren la hora, chicas. Es tiempo de ir a la iglesia,” Dijo tía Mercy.

Tía Grace se dirigió hacia la puerta del garaje.

“Ethan, sé un buen chico y saca el Cadillac. Nosotras aún tenemos que hacer algo con nuestras caras.”

Conduje las cuatro cuadras hasta la eucaristía, en la Iglesia Bautista Misionera Evangélica, y empuje la silla de ruedas de la tía Mercy por la calle de gravilla. Esto tomo más tiempo que conducir hasta la iglesia, porque cada dos metros la silla se atoraba en la gravilla y yo tenía que moverla de un lado a otro para liberarla, a punto de voltearla y tirar a mi tía abuela al suelo.

Para el momento en que el predicador tomo el tercer testimonio de una anciana que juraba que Jesús salvó sus rosales de los escarabajos japoneses o su mano de tejer de la artritis, yo estaba durmiéndome.

Yo tomé el camafeo entre mis dedos, dentro del bolsillo de mis jeans. ¿Por qué nos mostró esa visión? ¿Por qué dejo de funcionar de repente?

Ethan. Detente. No sabes lo que estás haciendo.

Lena estaba en mi cabeza de nuevo.

¡Guárdalo de nuevo!

La iglesia comenzó a desaparecer a mí alrededor y podía sentir los dedos de Lena agarrándose a los míos, como si estuviera justo a mi lado-

Nada pudo haber preparado a Genevie para la vista de Greenbrier quemándose. Las llamas cubrían la casa por ambos lados, tragándose el ático y el balcón. Los soldados cargaban antigüedades y pinturas fuera de la casa, corriendo como ladrones comunes. ¿Dónde estaban todos? ¿Estaban escondidos en el bosque como ella? Las hojas sonaron. Ella sintió a alguien tras ella, pero antes de que pudiera girarse una mano lodosa se cerró sobre su boca. Ella tomó la muñeca de la persona con ambas manos, tratando de romper su fuerza.

“Genevieve, soy yo.” La mano soltó su agarre.

“¿Qué estás haciendo aquí? ¿Estás bien?” Genevie pasó sus manos alrededor del soldado, vestido con lo que fue una vez un orgulloso uniforme gris de la Confederación.

“Estoy bien, querida.” dijo él, pero ella sabía que estaba mintiendo.

“Pensé que tu podías estar...” Genevieve sólo había sabido de Ethan a través de cartas durante los dos últimos años, desde que él se había enlistado, y no había vuelto a recibir una carta desde la batalla en Wilderness. Genevieve sabía que muchos de los hombres que habían seguido a Lee en esa batalla nunca habían salido de Virginia. Ella se había resignado a morir solterona. Ella estaba segura de que había perdido a Ethan. Era casi inimaginable que él estuviera vivo, parado allí, esta noche.

“¿Dónde está el resto de tu regimiento?”

“La última vez que los vi, estaban en las afueras de Summit”

“¿Qué quiere decir, la última vez que los viste? ¿Todos ellos murieron?”

“No lo sé. Cuando me fui estaban vivos”

“No comprendo” “Deserté Genevieve. No podía pelear más por algo en lo que no creía. No después de todo lo que he visto. La mayoría de los chicos que peleaban conmigo ni siquiera sabían de que se trata todo esto- que ellos simplemente estaban derramando su sangre por algodón”

Ethan tomó su fría mano entre la suya, áspera llena de cortes. “Comprendo si no quieres casarte conmigo ahora. No tengo dinero y ahora no tengo honor.”

“No me importa si no tienes dinero, Ethan Carter Wate. Tú eres el hombre más honorable que he conocido. Y no me importa si mi papi cree que nuestras diferencias son demasiado grandes para ignorarlas. El está equivocado. Tú estás ahora en casa y nosotros vamos a casarnos”

Genevieve lo abrazó fuertemente, asustada de que desapareciera en el aire si lo dejaba ir. El olor la trajo de nuevo al momento. El rancio olor de limones quemándose, de sus vidas quemándose.

“Tenemos que ir hacia el río. Hacia allí se hubiera dirigido mamá. Ella se fue hacia el sur a la casa de tía Marguerite.” Pero Ethan no tuvo tiempo para responder. Alguien estaba acercándose. Las ramas estaban sonando como si alguien estuviera pasando por los arbustos. “Quédate tras de mí” ordenó Ethan, empujando a Genevieve detrás de él con un brazo y agarrando su rifle con el otro. El arbusto se dividió y apareció Ivy, la cocinera de Greenbrier. Ella aún estaba en su ropa de dormir, negra por el humo. Ella gritó cuando vio el uniforme, demasiado asustada para notar que era gris, no azul. “Ivy, ¿estás bien?” Genevieve se apresuró a atrapar la anciana que estaba comenzando a caerse. “Señorita Genevieve ¿qué está haciendo aquí?” “Estaba tratando de llegar a Greenbrier. Para advertirles a todos”. “Es demasiado para eso, niña, y no haría ningún bien. Esos pájaros azules rompieron las puertas y entraron a la casa, como si fuera de ellos. Revisaron el lugar para ver que podían robar, y después comenzaron los fuegos.” Era casi imposible entender lo que decía. Estaba histérica y cada pocos segundos era interrumpida por un ataque de tos, ahogándose tanto con el humo como con sus lágrimas.

“En toda mi vida nunca había visto demonios como esos. Quemando una casa con mujeres adentro. Todos ellos tendrán que responderle a Dios todopoderoso en el más allá.” La voz de Ivy se quebró. Las palabras tardaron un momento en ser registradas.

“¿Qué quieres decir con que quemaron una casa con mujeres adentro?”

“Lo siento tanto, niña”

Genevieve sintió sus piernas fallar debajo de ella. Se arrodilló en el lodo, la lluvia corriendo por su cara, mezclándose con sus lágrimas. Su madre, su hermana, Greenbrier-todos habían desaparecido. Genevieve levantó su vista al cielo. “Dios es el único que tiene que responderme por esto.”

La visión nos sacó tan rápido como nos había llevado a ella. Estaba mirando al predicador de nuevo y Lenna se había ido.

¿Lena?

Ella no respondió. Me senté en la iglesia con un sudor frío, sentado en medio de tía Mercy y tía Grace, quienes estaban buscando en sus bolsos monedas para la colecta.

Quemar una casa con mujeres adentro, una casa con árboles de limón. Una casa donde apostaba que Genevieve había perdido su camafeo. Un camafeo grabado con el día en que Lena nació, pero cien años atrás.

Con razón Lena no quería ver esas visiones.

Yo estaba comenzando a darle la razón.

Las coincidencias no existen.